• Jaime Chuchuca Serrano

Una sociología del voto nulo

Actualizado: jul 12


por JAIME CHUCHUCA SERRANO

En uno de cada cuatro cantones de Ecuador ganó el nulo en la segunda vuelta presidencial. Esta es una prueba más del descontento de los resultados en primera vuelta, las denuncias de fraude y la crítica al sistema electoral completamente parcializado y manipulado.


Contrario a lo que se cree, el voto nulo y el voto no, este último, generalmente en referéndums, han tenido una gran importancia en la estructuración política de la sociedad y la lucha de clases. Según las conveniencias la habilidad del poder ha querido confundir el voto NO con el voto NULO. Veamos un par de ejemplos del voto NO.


En la Consulta Popular de 1988 de Chile se dieron dos opciones: votar por el o por el NO a la continuación de Pinochet en el gobierno, con la victoria del SÍ el dictador se prolongaría hasta 1997. La oposición a Pinochet se unió en el no y por primera vez pudo hacer propaganda pública durante 15 minutos diarios. La campaña del NO se unificó con la consigna “La alegría ya viene” y logró 3 967 569 votos (55,99%) y el SÍ 3 119 110 votos (44,01%). Los votos nulos alcanzaron 94 594 y los blancos 70 660. La dictadura hizo campaña para que el electorado confunda entre el voto NO y el NULO. La película chilena NO (2012), dirigida por Pablo Larraín, relata bellamente el escenario político de la dictadura.


Cuando el presidente ecuatoriano Sixto Durán Ballén asumió el programa neoliberal para privatizar las empresas y servicios públicos, llamó a Consulta Popular en 1995 que tenía entre sus once preguntas la de privatizar la Seguridad Social (pregunta 2). La oposición y las izquierdas ecuatorianas se unieron en el NO a la privatización. El NO ganó con 1.824.636 votos (47,29%) en referéndum contra las políticas neoliberales de SÍ, 1.200.491 (31,11%). Los votos blancos alcanzaron 398.853 (10,33%) y los nulos 433.792 (11,24%). La derecha usó la campaña de confusión sosteniendo que el voto NULO era igual que el voto NO; así aumentó ostensiblemente la votación nula. Los siguientes gobiernos y sus pésimas administraciones han causado crisis agudas en la seguridad social con motivaciones privadas, como cuando Correa quitó el 40% de contribución estatal a la jubilación.


Por su parte, el voto nulo tiene una historia propia en Latinoamérica y en las elecciones pluripersonales. Algunas veces quienes han promovido el nulo han sido los que el poder estatal no les ha dejado participar en las elecciones; unas porque los partidos han sido ilegalizados, otras porque las élites han hecho fraude a los candidatos alternativos a los poderes dictatoriales.


En México de 2009 varias organizaciones de izquierda y movimientos llamaron a votar nulo contra la frecuente convocatoria a la abstención. Los partidos de la legislatura mexicana habían generado una estructura autoritaria para no permitir la participación de otros actores políticos y ciudadanos. El voto nulo llamaba a la gente a votar a la gente contra el sistema. El voto nulo de 2009 en México puede ser tomado como el comienzo de un nuevo movimiento social y de grandes repercusiones políticas. El PAN, el PRI y el PRD repudiaron el nulo. Sin embargo, el nulo se convirtió en un mensaje para discutir la reforma electoral.


En Ecuador, en la primera vuelta del 7 de febrero de 2021 el poder le hizo fraude a una opción: Yaku Pérez. Es la primera vez que en los tiempos actuales un conteo se demoraba tanto tiempo. Pérez se encontró 96 horas en segundo lugar y en las 3 horas siguientes pasó a tercero, con inconsistencias en un número superior a las 20 mil actas (de 39.985). Por ejemplo, solo en el recuento de 31 actas, Pérez subió 612 votos. Las dos de las élites que manejaron el poder en más de 40 años, en diferentes composiciones: la derecha tradicional, que se ha cambiado de nombre en algunas ocasiones del PSC y CREO, y el correísmo, que alberga a la derecha, al centro y una variopinta socialdemocracia, ordenaron los acontecimientos. Estas élites han trabajado juntas, se han estrechado las manos para evadir impuestos, en los créditos, en los despidos, en la flexibilización laboral, en la venta de empresas del Estado, en las concesiones, pero también han tenido pugnas y competencias por intereses económicos y políticos. Ahora le cerraron el paso a Pérez y la alianza de Pachakutik-UP para que no vayan a la segunda vuelta. Lasso superó a Pérez apenas con 32 115 (0,3%) votos y el mismo CNE ha aceptado que el margen de error electoral es del 1%, es decir 106.162 votos. En tales circunstancias todas las organizaciones sociales y de izquierda que apoyaron a Pérez llamaron al voto nulo, aunque con muy poca campaña de por medio.


El voto nulo del 11 de abril de 2021 no es solo un voto en contra de Arauz y Lasso, es un voto contra una forma de poder político instaurada por varias décadas, contra un Estado corrupto, y también es un voto del electorado en apoyo a Yaku Pérez. A la afirmación corriente de “alguien tendrá que ganar”, los anulantes respondieron: “no lo hará con mi voto”. Se tiene derecho a decir no y anular cuando se ponen en riesgo las posibilidades de vida, cuando las variantes elegibles son igualmente de tóxicas. En el movimiento electoral por el nulo del 11A no tuvo cabida el voto “por el menos malo”. Fue un voto ideológico que comprendió el juego del poder, el fraude y las componendas de las élites por seguir en el Estado. En este caso concreto, se fortalecieron las organizaciones que promovieron el nulo como un discurso de radicalidad, organización, independencia e interrogantes permanentes al poder; las bases sociales renovaron su confianza en las organizaciones sociales, populares y con registro electoral y su dirigencia que no se dejó comprar por una de las dos élites burguesas.


También fue un voto ético y de castigo a los dos finalistas, a las tendencias políticas del correísmo y el lassismo. Hubo algunos dirigentes que sucumbieron al encanto de las élites, como Jaime Vargas. El nulo también fue el resultado de las formas de campaña de los dos finalistas, Arauz y Lasso, que no supieron mantener coherencia o ampliar sus propuestas para un electorado crítico. Además el nulo no solamente responde al llamado de organizaciones y dirigentes, sino también al descontento social acumulado contra el poder.


Lasso obtuvo 4.656.426 votos (52,36%) y Arauz 4.236.515 votos (47,64%). El nulo subió de 9,55% de sufragantes en la primera vuelta a 16,26% en la segunda, 1.761.433 ecuatorianos/as anularon su voto, los blancos llegaron a 174.349 votos (1,61%). La abstención se mantuvo en a 17,2%. El nulo incorporó en las papeletas críticas al sistema estatal, sanitario, al manejo de la pandemia, la corrupción, en contra del hambre y el apoyo a Pérez. Es la mayor votación nula desde 1978. El problema del análisis de la votación nula no solo reside en el porcentaje, sino en su distribución, en provincias que en la primer vuelta Pérez ganó ampliamente. En cuatro provincias (Azuay, Cañar, Bolívar, Cotopaxi) el nulo supera el 30% y en cinco la votación del correísmo, en Morona Santiago y Pastaza, Arauz levemente supera el nulo. En la Amazonía entre el 19% y 21% de la población anuló su voto. De los 221 cantones, en 16 cantones (de las provincias de Azuay, Cañar, Loja, Chimborazo y Zamora) el nulo le ganó a Guillermo Lasso y en 53 el nulo le ganó a Andrés Arauz (Primicias, 2021). En otros 40 cantones de la Sierra y la Amazonía uno de los candidatos superó por décimas o milésimas al nulo. En cantones como Nabón el nulo llegó al 48,34%, Saraguro 42,36%, Yacuambi 41,62%, Guamote 40,10%, Sigsig, Girón, Gualaceo superó el 41%. En 1 de cada 4 cantones el nulo le ganó a Arauz y Lasso (CNE, 2021).


Este hecho inédito, y con muy poca campaña por el nulo, es una interpelación contra el poder; revela geográficamente el descontento social, el voto contestatario y la fuerza del respaldo a la candidatura indígena de Yaku Pérez en la sierra y la amazonía, pero también en la costa; en la ruralidad y la periferia. La población que lucha por la defensa de los derechos de la naturaleza, de las mujeres, por los derechos étnicos, de los jóvenes que se quedaron sin representante en la segunda vuelta electoral, se miraron sin otra opción. El voto nulo, en esta ocasión, fue un voto rebelde contra el sistema político electoral instaurado por las dos tendencias que apoyaron a Lasso y Arauz, derechistas, conservadoras, autoritarias, corruptas. En el voto nulo también están concentrados los crispados ánimos del Levantamiento de Octubre de 2019 y el reclamo contra el fraude electoral.


Aunque el correísmo criticó al voto nulo señalando que por este llamado ganó Lasso, no es más que un recurso retórico, porque al final por el tejido de las élites sabíamos que gane quien gane iban a colaborar y cogobernar. El correísmo no se demoró mucho en dar su apoyo al gobierno de Lasso e incluso de participar en proyectos del gabinete y la Asamblea Nacional. Correa dice: “Es momento de unidad. Presidente Lasso cuente siempre con nosotros” (Vistazo, 2021a). Aunque antes del día de la votación lanzó loas a Jaime Vargas, presidente de la CONAIE, por el apoyo. Después de las elección espetó: “Yo no lo conozco, fue uno de los dirigentes más violentos en las protestas (de octubre del 2019) (…) lo que es claro es que no nos dio medio voto indígena, y probablemente sí nos quitó mucho voto, sobre todo del norte” (Vistazo, 2021b).


El permanente comportamiento de cooptación, manipulación y desconocimiento ha hecho que otros dirigentes no caigan en la trampa. De tal forma que el voto nulo con el transcurso de los días ganó justificación histórica. El correísmo y el lassismo no son dos estructuras completamente diferentes, ni tienen propuestas totalmente contrapuestas entre el neoliberalismo y el estatalismo neokeynesiano; tienen muchas más cosas que los unen que los separan en cuanto a gente, negocios y formas de administración. Lasso ha desarrollado la consigna del gobierno de la Unidad Nacional y el correísmo van incluyéndose en el llamado; el presidente electo habla de incluir a sectores opositores en su gabinete e instituciones.


Mientras tanto, los actores del voto nulo, las organizaciones desplazadas legalmente y por la fuerza del proceso electoral, tienen la tarea de repensarse fuera del Estado y dentro de él. Ahora saben que no les basta con la oportunidad de ganar las elecciones, sino que deben construir otro tipo de institucionalidad, que deben cambiar la correlación fuerzas políticas internas para consolidar los cambios y que la movilización social tiene que estar constantemente activa contra el neoliberalismo. El movimiento indígena y la oposición de izquierdas deben superar sus ambigüedades ideológicas, la división, los intereses particulares y las vanidades personales que actúan como motosierras para la unidad y el cumplimiento del programa en defensa de los derechos de la naturaleza, de los trabajadores, de las mujeres, los jóvenes, de los indígenas, campesinos. La lucha social, la sensibilidad de acción y el ethos político periférico han transformado el escenario social, el voto nulo de las elecciones del 11A expresa que ese cambio está presente en la subjetividad de los pueblos. La periferia y la ruralidad que se tomaron los centros urbanos en Octubre de 2019, se tomaron las elecciones en 2021 y ante las fuerzas oligárquicas van construyendo alternativas inéditas de poder para el futuro.

Bibliografía

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