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Petróleo: la caída de un rey




Imaen: aristeguinoticias.com

La pandemia ha acelerado la decadencia del capitalismo. Estamos viviendo la tasa de desempleo más elevada del siglo y el grado de empleo sin remuneración más alto nunca registrado.

Con la pulverización del barril de petróleo es más fácil darse cuenta como el sistema de producción global se basa en intereses monopólicos. Las oligarquías reinantes en EEUU llevan años de guerra comercial contra de China y continúan con las sanciones económicas. Hace cuatro años, Putin y Xi Jinping llegaron a un gran acuerdo petrolero: el petróleo Ruso iba a ser cambiado por yuanes y no por dólares, y, a su vez, estos yuanes podían ser cambiados por oro.

Sadam Hussein y Muamar Gadafi quisieron hacer un contrato similar con euros, y fue una causa para que sus países sean invadidos y ellos asesinados. Esta fórmula de desdolarización ruso-china resume la ruptura de la hegemonía de EEUU y el cambio del eje geopolítico a China. El gigante asiático compitió por dominar el mercado de petróleo y la extracción de otros minerales como el oro y la plata.

Hace pocos días, EEUU y Arabia Saudita pactaron para perjudicar a Rusia en la producción petrolera y lanzaron una guerra de precios. El barril de petróleo cayó 55%, llegando a 20 USD el 30 de marzo, el precio más bajo desde la guerra del Golfo Pérsico en 1983. Concluyeron esta disputa sacando diez millones de barriles diarios para mover el restringido mercado por la pandemia. Sin embargo, los lugares de almacenamiento se siguieron llenando; estalló una crisis de sobreproducción petrolera nunca vista. El 20 de abril de 2020, las terminales de petróleo de EEUU estaban repletas. La industria automovilística iniciada por Ford estaba paralizada. Los productores de petróleo tuvieron que pagar para que se lleven el petróleo. El barril tuvo un valor negativo, de -37,63 dólares. Los libros de historia registrarán ese paro cardíaco del obeso cuerpo del capitalismo.

El fin de la era petrolera se vaticinaba para el año 2050. La situación de confinamiento mundial obliga a la humanidad a pensar un mundo sin petróleo y si a futuro se puede crear una movilización global alternativa. Es hora de planear un sistema de solidaridad global que supere la destrucción humana y natural.

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