• María Galíndo

No tenemos bando

Actualizado: jul 16


por MARÍA GALINDO

Pretender que en el país existen solo dos posiciones posibles: o estar con el MAS, o estar con el bloque oligárquico fascista, a la cabeza del cual se ha vuelto a colocar Fernando Camacho, es simplificar la situación. Pretender que si escoges a unos te conviertes en enemigo del otro bando y viceversa. Pretender que uno de esos  bandos es el escudo de defensa de la democracia, cualquiera que sea. Pretender que uno de esos bandos es el escudo de defensa de los derechos humanos, cualquiera de los que sea.


Dividirnos en dos polos opuestos de buenos contra malos es fascistizar la sociedad. Jalarnos a tomar partido por uno o por otro; eso es lo que quieren.


Lo que ambos bandos disputan es una porción de poder estatal o la totalidad del poder estatal a costa de cualquier cosa, incluyendo vidas. A costa de cualquier cosa, incluyendo las economías de los sectores populares que viven del día a día. No les importa lo que tengan que destrozar a su paso y si dependiera de cualquiera de los dos bandos estaríamos en dos trincheras agarrándonos a tiros en una guerra civil.


Si el país fuera un árbol lo partirían en dos para quedarse con dos pedazos muertos por proclamar su triunfo. Si el país fuera un bebé lo partirían en dos para quedarse con dos pedazos de cadáver para proclamar su triunfo.


No tengo bando, pero no soy neutral

Lo absurdo de esta situación  es que estamos en pandemia, que estamos sufriendo la clausura de la educación pública, la clausura del acceso a la justicia para las mujeres, la inexistencia de servicios de salud. Estando en esta situación social extrema, vuelven a tomar la escena para asfixiarnos con  su disputa de poder.


Lo absurdo de esta situación es que ambos bandos son gemelos; se necesitan mutuamente para cobrar sentido, idénticos en su capacidad de mentir, en su machismo, en su utilitarismo hacia las mujeres,  los pueblos indígenas o hacia los sentimientos regionales.


No tener bando no es adoptar una posición neutral; es no dejarse arrastrar por un círculo vicioso y defender el único lugar posible: el del pensamiento propio, el de la crítica directa.


Lidia Patty vs Jeanine Añez

Es paralelo y equivalente el lugar que ocupan Lidia Patty y Jeanine Añez en este escenario. Lidia Patty victimiza a Evo Morales y su círculo de poder. Al ser ella la que presenta la denuncia le sirve al gobierno para decir que es la justicia la que actúa. Patty es objeto de una campaña de odio racista brutal, pero como es una mujer indígena se trata de un costo que “tiene que pagar” para funcionar como trapo de piso para su partido y el esquema de poder para el que ella es nada más que una ficha útil.


En el caso de Jeanine Añez, ocurre otro tanto de lo mismo, activaron el golpe otros y la llamaron para que sea el escudo detrás del cual se escondan. Murillo y López han huído del país y es ella la que como presa de caza se convierte en el trofeo que el gobierno puede exhibir.


Jeanine Añez debe ser juzgada en un juicio de responsabilidades, por todas y cada una de las muertes y violaciones a los derechos humanos y por el permiso de matar en impunidad que dio a través de un decreto a los militares; no por un golpe de estado del que Evo Morales es la supuesta victima. Una cosa y la otra no son lo mismo ni son equivalentes.


Jeanine fue útil el día de la toma de su posesión de mando y hoy, a la hora de pagar las consecuencias, vuelve a ser útil y nada más. Ese es el lugar utilitario que la política patriarcal le tiene reservada a las mujeres y para salir de ese lugar hay que cambiar el carácter patriarcal de la política y no jugar su juego.


Patrimonializar a l@s muert@s

Como buitres comen la carne de l@s muert@s. El MAS se apropia de las muertes de las que es responsable para utilizar el dolor de cada una de esas muertes, de cada una de esas heridas, como escudo detrás del cual camuflar sus responsabilidades. Glorifican a l@s muert@s y l@s quieren convertir en héroes de la resistencia, cuando fueron carne de cañón, cuando fueron asesinad@s por ser alteñ@s, por ser indi@s y pobres.


El bando asesino quiere también utilizar esas muertes para camuflar sus responsabilidades y l@s etiqueta de masistas, como si esa etiqueta les diera el derecho de haberles asesinado.


Ambos bandos nos empujan una vez más a la construcción necrófila de nuestra historia donde el único lugar que tienen esos anónimos que llaman “pueblo” es el de morir para que sobre sus cadáveres se encaramen en el poder l@s vencedores.


La Bolivia patronal: habíamos sido su hacienda

Es interesante como se ha corrido la cortina de la reunión que yo denuncie. Escenario donde gentes que no tenían mandato alguno decidieron, a espaldas de la sociedad y a espaldas de las instituciones democráticas, la suerte de tod@s nosotr@s.


Relatan el pedazo de verdad que les sea útil. Ningún periodista le pregunta a Tuto Quiroga con que mandato institucional tomaba decisiones sobre el destino del país ordenando la fuga de Evo Morales. Ningún periodista le cuestiona a Teresa Morales con que mandato negociaba a espaldas de la sociedad.


Como si fuéramos una hacienda que tienen que vender por partes, negociaron a puerta cerrada sus intereses en la Universidad Católica y no en el Congreso. Nosotr@s l@s peones somos parte de lo que se negocia, sin derecho siquiera de saber lo que se esta hablando. Los unos y los otros muestran la misma cara patronal de “dueñidad” sobre nuestras vidas.


Nosotr@s somos la salida

La única salida posible para que no nos despedacen, ni destrocen a su paso; la única salida para que no nos amarguen la vida y no nos expropien la esperanza es no tener bando. No tener bando y abrir un surco de esperanza, donde si quieren matarse hagan un duelo entre ellos. Ellos que hagan de victima y verdugo al mismo tiempo y no nosotr@s.


Ellos que mueran. Ellos que paguen con sus vidas y a nosotr@s nos dejen en paz.

Y por si acaso el proyecto de inversión estrella del gobierno de Arce es nuevamente ampliar la frontera agrícola en Santa Cruz, y poner la planta de necro-diésel para seguir el proyecto ecocida y el engorde de la oligarquía terrateniente.

No hay un conflicto ideológico en este conflicto, hay un conflicto de poder y nada mas.


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