• Fanesca Política

¿Cuál es el nombre de la próxima niña violada y asesinada?



María Galindo

Imagen: eltiempo.com

¿Cuál es el nombre de la próxima mujer que será asesinada?¿Cuál será el nombre de la próxima madre que criando a sus wawas sola y sumida en la pobreza implore justicia de rodillas ante el estado?

Frente al cadáver de la niña Esther la sociedad ha sido capaz de derramar todo el llanto más amargo y más triste. Sorprendentemente, la policía ha sido capaz de buscar y encontrar al culpable; ¡habían tenido pies para correr e instrucción para hacer investigación! La junta de vecinos ha tenido la capacidad de comprar el ataúd y acompañar a la madre y a la niña muerta. Hasta el gobierno ha tenido la capacidad de ofrecer a la madre vivienda, para que no acepte la propuesta de Mujeres Creando de vivienda y comida caliente durante el luto, y luego nueva vivienda y nuevo trabajo.

La sociedad ha hecho una catarsis de dos de tres días de llanto e indignación; nada más ahora hay que preguntarle a la sociedad: ¿Cuál es el nombre de la próxima niña violada y asesinada que enterraremos llorando? ¿Cuáles son los nombres de niñas y niños violados que no hallan justicia? ¿Cuál será el nombre de la próxima víctima de feminicidio y cuál el grado de impunidad del que gozará su asesino?

Lo que la sociedad boliviana no tiene ni la capacidad, ni las ganas es de ver, son las causas por las que la niña Esther ha sido violada y asesinada. La sociedad boliviana no tiene capacidad ni ganas de actuar, antes de que otra niña sea violada y asesinada.

La sociedad y sus instituciones prefieren ver en el violador al monstruo que carga la culpa, que con su detención y su sentencia queda sepultado y resuelto el problema, así no tienen que asumir responsabilidades ni el estado, ni la junta de vecinos, ni la Defensoría de la Niñez.

La pobreza

Si la mamá de Esther hubiera recibido un salario mínimo vital del estado durante toda la cuarentena, no hubiera tenido esa mañana que salir a buscar unos centavos como vendedora ambulante de fruta al mercado.

Pedimos un salario mínimo vital de parte del estado para todas las madres solas durante toda la cuarentena y mientras no se reinicien las labores escolares. Salvaríamos a cientos y miles de niñ@s de violaciones atroces.

El padre de Esther

Esther, sin embargo, no sólo tiene una madre, y aunque nadie lo haya preguntado, también tiene un padre irresponsable que tiene el derecho institucional de largarse, de abortar a sus wawas, de no asumir responsabilidad alguna.

Pedimos que para resolver este tema la irresponsabilidad paterna no sea socapada y amparada por el Estado. Los juicios de asistencia familiar han sido suspendidos por la cuarentena. Cuando se realizan, los padres irresponsables suelen presentarse con el argumento de la insolvencia; la irresponsabilidad paterna suele ser considerada un delito menor. El padre, cuando da la asistencia familiar, en ningún caso cubre las necesidades del hij@, no cubre las horas de crianza de la madre, aunque exige a cambio autoridad, poder decisión y ejerce poder de chantaje sobre la madre a través de la asistencia familiar.

El aborto masculino está legalizado en Bolivia. El aborto de las mujeres está penalizado. O se despenaliza el aborto para que cada mujer tenga l@s wawas que desee , que no sea madre por imposición, ni por obligación y no tenga nin@s más allá de aquellas que ella misma pueda criar. O proponemos la vasectomía para los padres irresponsables, medida ambulatoria como el aborto, de bajo costo y que tiene como consecuencias que ningún hombre que no asuma responsabilidad paterna siga engendrando wawas.

Sexo, reproducción y violencia sexual

La sociedad boliviana ha fundido sexo con reproducción y es urgente separar estos dos ámbitos. Una cosa es la reproducción, que es la voluntad de ser padre o ser madre, y otra cosa es el sexo, las relaciones sexuales y el universo del placer. El sexo en la sociedad está negado, es parte de nuestras vidas, pero hay que ocultar censurar, perseguir y negar. El sexo es lo sucio, el sexo es la vergüenza, el sexo es lo prohibido.

En los colegios católicos se prohíbe la masturbación y no hay ni siquiera educación sexual. Sin embargo, la venta y acceso a la pornografía es generalizada, convirtiendola en fuente principal de educación sexual, especialmente para los chicos que buscan ahí suplir sus legitimas curiosidades. Las humillaciones en torno el cuerpo y el castigo del cuerpo en Bolivia es cotidiana, criamos directamente violadores y humilladores. El velorio de la niña Esther era un velorio de mujeres violadas que cuidaban el ataúd de una niña violada y asesinada.

Necesitamos educación sexual, no educación reproductivista, educación sexual laica, no meramente biologista, sino que permita preguntar pensar y liberarse.

Y es a los pies de la tumba de Esther, es a los pies de su cuerpo violado, que debemos preguntarnos que hemos hecho para que esto suceda y que cosas deben cambiar.

El violador

El violador se ha tomado el lujo de huir con colaboración, además se ha tomado el lujo de que los policías y los medios amplifiquen sus declaraciones absurdas. Declaraciones en las que se burla de la sociedad entera porque nos dice que él no es el responsable; cuando nos dice que el diablo le ha entrado nos esta diciendo exactamente eso. Los medios y la policía no hacen más que amplificar semejante absurdo. Además, incitando al fanatismo cristiano que quiere propagar, la idea de un mal satánico que se cura con rezos y oraciones y que está siempre en el “otro”.

Como psicóloga me atrevo a afirmar lo siguiente: que el violador no ha cometido el delito por una única vez, un violador nunca viola una vez. Ni el barrio, ni la casa, ni nadie fue capaz de identificar el acto de violación previo al asesinato. Este violador puede que lo haya hecho con otras niñas antes y su impunidad le dio el campo para atreverse a violar continuamente.

Si no somos capaces de identificar la violación de una niña de nuestro barrio, de nuestra casa, de nuestra escuela, es porque nos dedicamos a mirar a otro lado, porque no hablamos sobre sexo y cuerpo con l@s niñ@s y por lo tanto tapando como tapamos lo que hacemos es negar.

Entre el machismo del ministro de gobierno Murillo, que ha mandado a las mujeres a suicidarse en vez de abortar, y el violador que presenta con aires de heroísmo a la sociedad, hay una continuidad terrorífica; creer que las vidas de las mujeres no valen nada.

En el caso de la niña Esther déjenme decirles a los medios que permitieron que el violador tenga la última palabra.

El Estado

Las defensorías de la niñez en El Alto están cerradas desde marzo. Los bonos son insuficientes. El estado proclama la existencia de una familia nuclear patriarcal que no existe, a ese modelo responden únicamente el el 30% de las familias bolivianas.

El estado ha cerrado las escuelas sin dar solución a las madres trabajadoras, ha flexibilizado la cuarentena y cientos de miles de niñ@s se quedan encerrad@s sol@s cuando no hay una abuela o una tía que ayude a cuidarles.

La policía hace operativos en la ciudad de El Alto con motocicletas, movilidades y ejército, pero cuando se hace una denuncia a la Fuerza de Lucha Contra la Violencia no contestan ni el teléfono.  

Violencia y machismo estructurales

Déjenme decirles que en el caso de la niña Esther nada hemos resuelto; la violencia que la ha matado nos involucra como sociedad entera. Es una violencia estructural que hay que cambiar estructuralmente, sino no tiene sentido traer niñ@s a este mundo, ni levantarse en las mañanas a vender fruta, ni abrir los libros, ni menos aún cantar el himno. Cuando digo estructural, digo que la violencia y el machismo estructura absolutamente todo: las leyes, las costumbres, el lenguaje, los comportamientos, los ritos, los medios y todo.

Nos hemos convertido en un país absurdo, con un estado delincuencial. Un país fanático y machista donde ser niña o mujer es un peligro, una condena, una tortura y donde nuestras espaldas se han convertido en el lomo donde el estado, los machistas y todos descargan el peso hasta asfixiarnos. La niña Esther sabía granear el arroz y estaba haciendo de madre para sus hermanitos ,mientras su madre salía a ganar unos centavos para no morir de hambre.

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